Champagne, burbujas de amor y sabor

Se sabe que el rojo es el color de la pasión. ¿Y si tuviera un sabor…? Seguramente sería algo cautivante, irresistible, burbujeante de sensaciones. Como el champagne, claro está.

21 diciembre, 2019
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El champagne nació en la región de Champagne, al noroeste de París. En 1668, el monje Dom Pierre Pérignon de la abadía de Hautvilliers en Épernay inventó la bebida al ensamblar diferentes vinos y refermentarlos en barricas hasta que se produjeron burbujas. Estas últimas, que son la principal característica de este vino, surgieron por accidente… en el siglo XVIII el vino era tranquilo, como la mayoría de los que hoy se producen. Las burbujas eran un defecto de elaboración, y Dom Pérignon trabajó duro buscando eliminarlas. Durante su labor, descubrió el método para combinar y clarificar la bebida, terminando por descubrir el secreto del champagne, el cual describió como “beber estrellas”… El resto, dicen, es historia.

 

Burbujas y burbujas

El champagne es omnipresente en la cultura actual. Se lo ve en películas, se lo bebe en la alta sociedad, no hay una sola carrera de autos que no termine bañada por sus burbujas, no hay barco que no se bautice sin sus burbujas. En resumen, no hay duda de que el champagne –el auténtico- es una bebida de prestigio, para aquellos que pueden permitírsela. Y remarcamos el término “auténtico” porque a menudo oímos hablar de vinos espumosos, espumantes, sparkling wines, etc. La pregunta del millón es… ¿qué diferencia tienen con el champagne? La respuesta es… ninguna diferencia. ¿Y entonces?

 

Burbujas auténticas

Así como un vino Chablis se denomina “Chablis” cuando se produce en la región francesa homónima, el vino espumante o espumoso, llamado así por su efervescencia (creada por el dióxido de carbono), es llamado Champagne al ser producido en la región francesa del mismo nombre bajo el método clásico o champenoise. Como el Chablis, que en Francia se elabora a partir de uvas Chardonnay, la denominación “champagne” ha sido bastardeada en todo el mundo: así, vinos burbujeantes de uvas inferiores y hechos según el método charmat (para grandes cantidades) se venden por doquier. Como muchos consumidores piensan en cualquier espumoso como “Champagne”, las imitaciones baratas suelen ser consideradas de alta calidad. Estos standards pueden provocar reacciones adversas (dolor de cabeza, acidez, etc.) que son desafortunadas, injustificadas y explican por qué el auténtico champagne no es una bebida de uso común.

Por supuesto, existen también productos de alta calidad aunque no se llamen “champagne” ni estén hechos en dicha región. En España, los vinos hechos siguiendo el método tradicional se llaman “Cava”; Sudáfrica maneja la denominación “Cap Classique” o “Cape Classic”, Alemania tiene su “Sekt” e Italia su clásico “Asti Spumanti”. En Argentina no existe una denominación oficial; se usan las expresies “espumante”, “espumoso” o la versión inglesa “Sparkling wine”.

 

Burbujas y estilos

El champagne es el espumoso por excelencia en el mundo. Aunque los productores de otros países tienen su estilo propio, este es el punto del cual parten, y con frecuencia usan la misma combinación clásica de uvas: Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier.

Existen tres métodos básicos para elaborar el champagne:

Champenoise (o Tradicional): La segunda fermentación acontece en la misma botella en tres meses. Es considerado el más fino y elegante.

Charmat (o Grand Vas o Cuve Close): Se debe al enólogo Eugène Charmat que en 1916 ideó un sistema para elaborar espumosos en grandes cantidades. Este procedimiento emplea un gran tanque sellado de acero inoxidable que trabaja de la misma forma que una botella gigantesca.

Transfer: Comienza en botellas pero luego se transfiere a un tanque para filtrarse y luego reembotellarse, dejando de lado el degüello y el removido.

El champagne tiene diversos estilos, clasificados según su contenido de azúcar. Estos son:

– Dulce: Más de 50 gramos de azúcar por litro.

– Semiseco: de 33 a 50 g.

– Seco: de 17 a 35 g.

– Extra seco: entre 12 y 20 g.

– Brut: entre 0 y 15 g.

– Extra brut: por debajo de 6 g.

– Brut nature: no lleva azúcar ni licor de expedición y su azúcar residual (natural) se sitúa entre 0 y 3 g. por litro.

 

Guía veloz para servir el champagne perfecto

Temperatura: La botella sin abrir se coloca en un balde con partes iguales de hielo y agua durante media hora, o bien se refrigera durante un par de horas. Nunca debe ponerse en el freezer.

Descorche: Sin apuntar a los ojos, se retira la cápsula, luego el muselet (bozal) de alambre y se toma el corcho con una mano, rotando la botella con la otra. Mantenga la mano en el corcho hasta que sienta presión; continúe la operación con lentitud y empujándolo levemente hacia abajo para que salga con un suspiro y –contrariamente al uso popular- evitando el estallido y el vuelo posterior (es peligroso y además provoca una innecesaria pérdida de burbujas).

Servicio: Seque el cuello de la botella. Sin inclinar la copa, sirva un poco de champagne, permita que la espuma se asiente y luego complete hasta alcanzar los dos tercios.

Copa: Use copas largas (flautas), cuya forma concentra los aromas y exhibe mejor el contenido.

 

Las grandes marcas francesas

 

Alfred Gratien, Billecart-Salmon, Bollinger, Charles Heidsieck, Charbaut, De Venoge, Henriot, Gosset, Jacquesson, Krug, Lanson, Laurent-Perrier, Moet et Chandon, Mumm, Pol Roger, Pommery, Ruinart, Salon, Taittinger, Veuve Clicquot… y la lista continúa.

 

 

 

 

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