En un beso sabrás todo lo que he callado

El amor no tiene cura pero es la única cura para todos los males (Leonard Cohen).

12 septiembre, 2019
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Hace un frío tremendo y, mientras nos cambiamos con la estufa a mil, el tipo de enfrente sigue dale que te dale desde su balcón, a los gritos, cantando lo que muchos albergamos en nuestros corazones y que durante un tiempo fue considerado el hit del verano.

Por Yair Laus

Mientras lo escuchamos vienen a mi mente palabras que salieron hace un rato en la radio, que casi no entiendo pero sé que indican que estamos en el fondo del pozo. El dólar-dolor está a más de 60. ¿Quién me cambia? ¿Quién me vende? ¿Alguno acepta moneditas de 25 centavos?

Mientras el mundo se cae a pedazos L. y yo nos convertimos en buscadores de refugios: los perros cada tanto, la cama a veces, nuestros cuerpos algunas más, pero sobretodo el teatro. No se nos ocurre un espacio más propicio para capear esto que ya se parece al huracán Dorian, que la fantasía que muchas veces se nos propone desde las tablas. En retrospectiva puedo decir que, esta obra que ya cuenta con bastos pergaminos, nos llegó en el momento exacto haciendo de balsa que, al menos por una hora, nos salve del naufragio.

Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho (Jean-Jacques Rousseau). El hombre se acerca, como quien no quiere la cosa, y se sienta en el mismo banco de plaza en el que ya está sentada ella debajo de un árbol frágil, de ramas desnudas y enredadas. Mientras él toma mate, ella lee un libro. De repente la magia: El le dice algo, seguramente no sabe muy bien qué, pero al menos es algo.

Le habla de las mariposas, de su fragilidad. Son como papelitos al aire: claras, transparentes, etéreas. Ella – al menos por el momento – dejó de leer y lo escucha. Interactúan. Él despliega su conocimiento ante ella pero no como un pavo real con su cola al viento, sino como un hornero que sabe poner la ramita justa para que el nido no se desarme. Claro, es un hombre de campo y sabe de mariposas. Es capaz de filosofar sobre ellas.

El amor es el poder de ver lo similar en lo diferente (Theodor Adorno). ¿Qué pueden tener esas dos personas en común, a primera vista tan diferentes? ¿Qué es lo que los hace mantenerse sentados, ambos, uno hablando y la otra escuchando durante tan largo rato?

Hay algo ahí flotando entre ellos que no nos queda claro a los espectadores, pero seguramente tampoco a ellos. Los humanos somos seres sociales y la compañía es algo que no solo nos reconforta, sino que nos configura. Pensar en la necesidad de amar es mucho más arriesgado que pensar en la necesidad de una compañía. Por tal motivo no nos resulta tan ajena la necesidad de dos personas que se reconocen solitarias de formar yunta muy a pesar de que recién se conozcan y de sus grandes diferencias.

El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia (Shakesperare). Él todavía está hablando de las mariposas y ella parece escuchar embelesada.  Estamos cerca del inicio y las mariposas son el tema central.

Si puede un insecto, un bicho es porque se puede… – dice él -. ¿Qué es lo que se puede? – pregunta ella -. Mostrar belleza. Pasar de lo feo a lo lindo… y no lo digo yo ¿eh? Lo dice la naturaleza, la vida – cierra el gaucho de espalda encorvada, con el tono de aquel que transmite una realidad eterna -. Entonces los espectadores nos rendimos frente a esa especie de sabiduría campestre que nos enamora no con el sujeto sino con la vida misma.

Enamorarse es hablar corto y enredado (Leandro Airaldo). Esta obra, minimalista en su puesta pero de profundas convicciones, con varios premios en su haber y una afluencia de público incesante, es uno de los mejores secretos de la cartelera porteña. En un presente donde el contexto no ayuda, donde de tanta angustia no hay tiempo para el afloje y la ternura se encuentra en peligro de extinción, ir a ver a estos dos sujetos caer enamorados como tontos frente a nuestros ojos, se convierte en un bálsamo, en una aventura difícil de igualar.

Pueden acusarla(me) de naive, pero quien no crea que el amor es la solución a todos los conflictos que nos aquejan no forma parte de mi equipo. Así, para quien quiera empezar a sentirse un poquito parte de la solución, dejarse conmover por esta obra puede ser un gran primer paso. Después de todo, como alguna vez dijo la poeta Nikki Giovanni, elegimos amar porque esa es la única gran aventura.

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