UN VIAJE A LAS PROFUNDIDADES DEL SER

16 noviembre, 2018
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En Jujuy, el Turismo Rural Comunitario es un viaje al humanismo de los pueblos originarios, a sus costumbres, a sus hábitos y a las ofrendas sagradas a la madre tierra.

Aprender del campo y sus secretos a la par de los lugareños mientras se comparten las tareas rurales. Dejar de ser un simple visitante, pasar a ser un jujeño más y fundirse en una experiencia diferente en las comunidades indígenas y campesinas. Es el mensaje de ésta nota.

Alojarse en viviendas de familias, participar en las tareas cotidianas,  trabajar en la huerta, ordeñar, pastar cabras y llamas, deleitarse con sabores regionales. Charlas que cuentan historias y leyendas en medio de fogones. Una alternativa turística que lograra  una experiencia diferente e inolvidable.

A tan solo pocos kilómetros de la capital jujeña podes encontrar la tranquilidad y el disfrute de la vida diaria del campo.

Lugares donde se conjugan armoniosamente la naturaleza, las actividades campestres, tradiciones, costumbres y  la hospitalidad de las comunidades que permiten descubrir la autenticidad de sus  tierras.

Los más de 10.000 años de presencia del hombre se evidencian en las reservas arqueológicas, el arte rupestre, la especial arquitectura y la perfecta convivencia de la cultura milenaria con el presente, en un ambiente único.

Un lugar para redescubrir lo esencial

Junto a los pobladores locales, aprendé a realizar tareas rurales en medio de la naturaleza y los cerros. Trabajar en la huerta, aprender a ordeñar y pasear cabras y sabores regionales es un encanto entre historias familiares y leyendas.

Pasar a ser un jujeño más es una experiencia llena de belleza para alguien de otros pagos. Con la ayuda de las comunidades en medio de los cerros de Jujuy, vivenciar eso durante unos días está al alcance de los visitantes. Con respeto y calidez, alojarse en una casa rural, ayudar con las tareas cotidianas, aprender de las familias y disfrutar de las costumbres es tan rico como probar la gastronomía típica a las fiestas populares.

Es una misión noble sumarse a los quehaceres comunitarios desde temprano. Después de un buen desayuno de “api” con tortillas llega el momento de ordeñar las cabras y obtener leche para el queso, cuidar los cultivos o aprender las técnicas ancestrales de la artesanía en tejido con lanas.

Hay para elegir si cocinar en el horno de leña, cosechar hortalizas para el almuerzo, pasear a las cabras o hacer un guiso de papa oca. Cada opción implica contactarse con la tierra y sus tradiciones, en permanente contacto con la Pachamama. Descubrir riquezas arqueológicas y probar sabores desconocidos, un guiso de mote, una calapurca andina, una sopa majada y platos en base a quinoa.

En pleno contacto con los orígenes, las leyendas están a la orden del día en la voz de los personajes legendarios del lugar a los que todos tienen cariño. Pisar la tierra, sentir el olor de la leña y los animales, probar el agua de vertiente o un pan recién horneado hace revalorizar las cosas importantes y llena el espíritu de los viajeros.

El eje de la Ruta 9 que comunica varios pueblos lleva a los visitantes por Ocumazo, Hornaditas, Valle Colorado, Punta Corral, Tumbaya Grande y Red Espejo de Sal, con propuestas de turismo rural comunitario durante todo el año. Ir el Día de las Ánimas y el mes de agosto en general, cuando se celebra a la Pachamama, permite un mayor contacto con los orígenes en el marco de esas fiestas populares. Sólo queda elegir cuándo ir y dejarse llevar.

 

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